Jesús de Jiménez

No sé si habrá influido el nacer en una familia donde como sonajero utilizaban al abuelo meciendo acordes acordes a compás, para dejarme embelesado con los toques del “Lele de Osuna” que es como lo conocían en el mundo del flamenco. No tardó en contagiarme su pasión por la guitarra, por su sonido, por sus formas, y por lo que más me intrigaba, su construcción.

¿Cómo podían salir esas melodías que me ponían los vellos como escarpias de unos pedazos de madera pegados unos con otros como si de un puzle se tratara? Aquello sí que me quitaba el sueño y no había sonajero ni nana que me ayudara; tenía que averiguar cómo era aquello, tenía que sentir en mis manos cómo se engendraba el sonido, cómo se mimaba, cómo se gestaba y cómo se paría.

Hoy, después de casi cuatro décadas, me llena de satisfacción el escuchar al abuelo con mis guitarras en sus manos tocando aquellas viejas falsetas que me hacen recordar como he llegado a ser guitarrero.

Francisco Díaz.

“El último guitarrero de la provincia de Sevilla”

“La nueva generación de guitarras flamencas”

“De profesión guitarrero”